El último telón para Mayra Bonilla: Nicaragua despide a un ícono de las artes escénicas
El teatro nicaragüense viste de luto tras el sensible fallecimiento de la emblemática actriz, directora, escritora, filóloga y catedrática Mayra Bonilla Martínez.

Con una notable trayectoria que abarcó más de medio siglo sobre las tablas y la participación en más de 50 obras emblemáticas, Bonilla deja un legado imborrable en la cultura nacional.
Sobrina de la célebre actriz Socorro Bonilla Castellón —a quien consideró su mentora y madre teatral— y esposa del reconocido actor y director Erasmo Alizaga, la artista dedicó su vida de forma incansable a la interpretación, la investigación académica y la formación artística de nuevas generaciones.
Nacida en Sapóa, Rivas, en 1955, su pasión artística floreció a los seis años y la llevó a formarse en prestigiosas instituciones internacionales de Colombia, Bolivia, Venezuela y Cuba, tras ser becada por la UNESCO.
A lo largo de su prolífica carrera, encarnó papeles inolvidables en clásicos universales y nacionales como Por los caminos van los campesinos, La casa de Bernarda Alba, Chinfonía Burguesa y El enfermo imaginario.
Paralelamente, consolidó su vocación docente e investigadora al obtener maestrías y doctorados, desempeñándose como académica en la UNAN-Managua e impulsando activamente el teatro universitario y la gestión cultural.
Pionera y visionaria, Mayra Bonilla fundó agrupaciones clave para el desarrollo escénico del país, entre ellas el Teatro Experimental de la UNAN (TEUNAN), el colectivo DANTEATRO y la Compañía de Teatro Mayboarte.
Miembro de honor del Salón Histórico del Teatro Nicaragüense y galardonada con múltiples distinciones de prestigio —como la Medalla 50 Aniversario del Teatro Nacional Rubén Darío—, su partida deja un vacío profundo entre colegas y alumnos.
Será recordada por su inagotable entrega, su carisma arrollador y aquella frase ritual con la que persignaba sus funciones antes de que se abriera el telón: “Que Dios nos agarre confesados”.
