Ébola deja 360 muertos y 1,274 casos confirmados en el Congo
El brote de ébola en la República Democrática del Congo suma 1,274 casos confirmados y 360 fallecidos, según el último boletín del Instituto Nacional de Salud Pública, con datos recopilados hasta el 27 de junio.

La tasa de mortalidad se ubica en 28.3%, mientras 502 personas permanecen en aislamiento u hospitalizadas y 178 pacientes lograron recuperarse de la enfermedad.
La provincia de Ituri sigue como el centro más golpeado de la emergencia sanitaria, con 1,165 casos, más del 91% de todas las infecciones confirmadas desde que comenzó la epidemia.
El brote fue declarado oficialmente el pasado 15 de mayo en esa provincia, fronteriza con Uganda y Sudán del Sur, pero luego se extendió hacia Kivu del Norte y Kivu del Sur.
Las autoridades sanitarias también incorporaron a Mandima como nueva zona sanitaria afectada, elevando de 34 a 35 las áreas con transmisión activa.
Solo en la última jornada se notificaron 47 nuevos contagios, de los cuales 45 corresponden a Ituri y 2 a Kivu del Norte.
El informe también registró 12 fallecimientos recientes, además de 10 muertes adicionales de pacientes hospitalizados en centros de tratamiento de Ituri, correspondientes a casos confirmados previamente.

La situación preocupa especialmente en Kivu del Norte, donde la letalidad alcanza el 54,7%, muy por encima del promedio nacional.
Zonas sanitarias como Katwa, Beni y Oicha superan el 59% de mortalidad entre los casos confirmados.
Un dato alentador aparece en Kivu del Sur, donde no se reportan nuevos casos confirmados desde el 26 de mayo, lo que sugiere que por ahora no existe transmisión reciente en esa provincia.
El sistema sanitario congoleño mantiene bajo seguimiento a 9.145 contactos, con una cobertura de vigilancia del 87,1%, todavía por debajo del objetivo operativo del 95%.
Durante la última jornada se notificaron 1.283 alertas, de las cuales el 99,1% fueron investigadas.
De ese total, las autoridades identificaron 239 casos sospechosos, incluidos 70 fallecimientos que siguen bajo evaluación.
El INSP alertó sobre desafíos persistentes para atender a tiempo a los pacientes y garantizar acceso rápido a los servicios de salud, una situación clave para reducir muertes y cortar cadenas de contagio.
También preocupa la detección de posibles nuevos casos sin identificación clara de su zona de origen, lo que podría indicar una expansión geográfica que requiere investigación más profunda.
Algunos centros de Kivu del Norte enfrentan problemas de saturación, mientras el número de personas aisladas o bajo atención médica mantiene alta la presión sobre el personal sanitario.
Uganda y Francia reportan casos vinculados al brote
La epidemia también se propagó a Uganda, donde se detectaron 20 contagios confirmados, incluidos 15 casos importados desde la República Democrática del Congo.
Entre esos casos se reportan 2 fallecimientos.
El Gobierno de Francia confirmó además su primer caso positivo de enfermedad por virus del Ébola, correspondiente a un médico que regresaba de una misión en la RDC.
La Organización Mundial de la Salud indicó que este brote corresponde a la cepa Bundibugyo, cuya letalidad puede oscilar entre el 30% y el 50%.
Para esta variante no existe una vacuna autorizada ni un tratamiento específico, según la OMS.
El organismo considera alto el riesgo de expansión en África subsahariana, aunque mantiene como bajo el riesgo a escala global.
Una de las peores epidemias de ébola
La OMS estima que el virus comenzó a circular en Ituri unos dos meses antes de que se declarara oficialmente el brote.
El 17 de mayo, la epidemia fue calificada como una emergencia de salud pública de importancia internacional.
Con las cifras actuales, se trata de la tercera peor epidemia de ébola registrada hasta la fecha.
Solo queda por detrás del brote de África Occidental entre 2014 y 2016, que dejó unos 11 mil muertos y 28 mil contagios, y del registrado en el este congoleño entre 2018 y 2020, con 2,299 muertes y 3,481 casos.
El virus del ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados.
La enfermedad puede causar fiebre grave, vómitos, diarrea y complicaciones hemorrágicas, por lo que la detección temprana y el aislamiento resultan claves para frenar nuevos contagios.