¡Horrendo! Hombre mató, le sacó órganos a su madre y los comió, en España

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María Soledad Gómez, fue asesinada por su hijo Alberto Sánchez Gómez, quien además le sacó varios órganos y se los comió, un horrendo caso que el 21 de febrero del 2019 conmocionó a España.

Hombre mató a su mamá en España

A pesar que ha pasado un año desde aquella atrocidad todavía queda en la memoria de muchas personas la historia de la mujer que quedó esparcida por toda su casa, en Salamanca.

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Los oficiales, que hablaron con medios locales, prefirieron no dar sus nombres reales y se identificaron solo como E. y F.

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Ambos cuentan como lo que vieron ese día los marcó para siempre: el hijo de Soledad, Alberto la había matado, descuartizado, había repartido sus partes por la casa, guardó algunas en tazas de cocina, le dio de comer con la carne de su madre al perro y se comió él otra buena parte. Una escena tan aterradora que ni al peor desquiciado se le podía ocurrir.

Todo comenzó cuando la vecina y amiga de María Soledad -Hipólita- denunció en la comisaría que tenía muchos días de no ver a su amiga y no le contestaba las llamabas.

El jefe policial envió a E. y a F. al domicilio donde vivía la mujer y, tras tocar el timbre, Alberto les contestó en el intercomunicador. Pero cuando estos se identificaron como policías, el hombre colgó el artefacto y no atendió más.

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Con la ayuda de otra vecina, los policías lograron entrar al edificio, tocaron el timbre de la puerta: “Oye, Alberto, ábrenos la puerta, que somos la policía”.

Alberto sin quitarle el seguro a la puerta, medio abrió y se cercioró de que fueran policías, cerró inmediatamente mientras los oficiales seguían insistiendo.

“Venga, abre, que queremos hablar contigo”. Alberto abrió y salió corriendo hacia la cocina. Los policías sabían en ese momento que algo andaba mal.

Alberto se aproximó a media sala. “Sabíamos que algo malo estaba pasando. Sacamos nuestras armas reglamentarias, pero no entramos en la casa porque no veíamos nada. No sabíamos lo que iba a hacer, si iba a salir con algún cuchillo o algo parecido”, recuerda E.

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“Venga, Alberto, sal, que no pasa nada”. El joven dio unos pasos y se acercó a la puerta de entrada de la casa mientras no paraba de decir: “Yo no he hecho nada, yo no he hecho nada”. “No paraba de dar manotazos con las manos, pero sin intentar pegarnos ni nada. Eso sí, muy agitado y muy nervioso”, añade F.

Los oficiales lo tiraron al piso y le preguntaron por su madre, -“Está muerta”– respondió Alberto.

Tanto E. como F. pensaron que era un caso de muerte natural y el joven no había logrado asimilarla. Supusieron que encontrarían el cuerpo de María Soledad acostado en la cama, sin rasgos de agresión. Pero lo que en realidad había era toda una pesadilla.

“Ahí, en la habitación principal, estaba la cabeza de la madre sobre la cama. Unas bolsas blancas rotas y desplegadas sobre el edredón hacían una especie de colcha improvisada. Al lado estaba parte del cuero cabelludo. Junto a la cama y la casa del perro se hallaban las manos y parte de los brazos seccionados hasta el codo. Gran parte del tronco se encontraba dentro de la caseta.

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“Lo que jamás se me olvidará son las manos. Estaban intactas. La mujer llevaba las uñas pintadas con esmalte rosa”, describe E. El agente no daba crédito de lo que estaba viendo. Aguantó la respiración, con la intención de reaccionar a lo que había delante de él.

El funcionario siguió caminado por el resto de la vivienda. En el baño, había restos de la mujer supuestamente, los brazos, restos de sangre y un cuchillo de cocina, todo dentro de la ducha.

También se topó con varias tazas de guardar comida con restos humanos las piernas y varias cazuelas con bolsas y más trozos en su interior. En la mesita baja del centro de la sala, todavía estaba una tabla blanca de cortar manchada de sangre y una especie de serrucho de carpintero junto a más fragmentos de carne. Mientras, Coque, el perro de la familia, no paraba de ir de un lado a otro de la casa.

“El cerebro se me quedó paralizado. No paraba de preguntarme qué es lo que estaba pasando allí. He vivido cosas duras, como personas muertas en soledad que estaban en avanzado estado de descomposición, pero todo aquello lo superaba. Era indescriptible”, confesó E.

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Pese a estar el cuerpo descuartizado, no había mal olor en la casa. “Debía llevar muerta ya unos días porque la sangre estaba coagulada y de color oscuro, pero el ambiente era normal y no había restos podridos. Quizás la había conservado en el frigorífico”, añade.

“Pide apoyo, que la madre está muerta. La ha descuartizado”. F. no daba crédito a lo que acaba de oír. “¿Qué me estás contando? ¿Estás seguro de lo que dices?”, le respondió, mientras vio a su compañero pálido, con la cara desencajada.

E. le dijo que llamara al Grupo de Homicidios y a la Policía Científica, y sacó al perro a la terraza. “Fueron momentos de mucho estrés, de muchos nervios, por todo lo que había pasado allí. Teníamos que asegurar la zona y que no se destruyera ninguna prueba”, comenta.

Alberto estuvo en todo momento inmóvil, sin hablar. “Estaba frío como el hielo y en silencio. Parecía muy calmado. Ni siquiera le cambió la respiración cuando hablé con mi compañero. Había pasado de la euforia a una calma total”, recuerda E. “De hecho, a nosotros ni nos dijo que se había comido parte de su madre. Lo hizo a otros compañeros”, agregó F.

Los dos policías hablaron con una vecina, que les dijo que por la mañana había visto a Alberto bajar una bolsa de basura. De inmediato, se fueron al contenedor más cercano para recuperarla, pero estaba vacío. Luego se enteraron de que el edificio tiene cuarto de basuras. Pidieron la llave y bajaron a comprobarlo.

En el fondo de uno de los contenedores había una bolsa negra. Cuando la abrieron, se toparon con vísceras y con más restos humanos. La dejaron sin manipular a disposición del forense y de la Policía Científica.

Los policías tuvieron que recibir ayuda psicológica por casi un año y es hasta ahora que pueden hablar de lo ocurrido. Ambos reconocen que aquella noche no pudieron dormir y que durante la primera semana lo pasaron “muy mal”, en especial E. No se borraban de sus mentes lo que habían visto.

Alberto Sánchez Gómez se encuentra en prisión provisional desde que fue detenido el 21 de febrero. Está pendiente de que se fije una fecha para la celebración del juicio en la Audiencia Provincial por el procedimiento del jurado.

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