De ingeniera electrónica a Reina del Marisco, Natalia Fonseca conquista tiktok y el mercado Israel Lewites
A sus 27 años, Natalia Fonseca, ingeniera electrónica de profesión, decidió cambiar los circuitos por el mar y apostar por un sueño que hoy se ha convertido en una historia de inspiración y crecimiento en Managua.

Hace cuatro años, con apenas una mesita prestada, un frízer semi nuevo fiado y un préstamo inicial de 40 mil córdobas que logró pagar en tan solo un mes, Natalia dio vida a “Mariscos Océano”, un negocio que hoy es referente en el mercado Israel Lewites.
Junto a su mamá, Martiza Molina, ha construido mucho más que un emprendimiento, ha levantado una marca basada en esfuerzo, fe y constancia.
De lunes a domingo, ambas atienden su local desde las 6 de la mañana a las 2 de la tarde ofreciendo mariscos frescos que llegan directamente desde Masachapa y Casares, garantizando calidad y buen precio a sus clientes.
El crecimiento ha sido notable y actualmente invierten más de 100 mil córdobas diarios para mantener una amplia variedad de productos, desde pargo rojo cuyo precio oscila entre 100 y 190 córdobas según el tamaño, hasta camarones, langostas y filetes de distintos tipos que rondan entre 100 y 150 córdobas o más, incluyendo productos de exportación.
“Mariscos Océano” no solo vende al detalle y por mayor, sino que también abastece a restaurantes, consolidándose como un proveedor confiable.
Además, cuentan con servicio delivery al número 8923-1641 y garantizan peso justo en cada compra, un valor que sus clientes destacan, contó muy orgullosa Natalia Fonseca.
Pero su historia no se detiene solo en el mercado pues hace dos años, Natalia decidió dar el salto al mundo digital creando su cuenta en TikTok “Mariscos Océanos donde rápidamente se posicionó, logrando viralizar sus productos y atraer a una nueva generación de clientes.
Hoy, su negocio alcanza ventas diarias de hasta 200 libras de mariscos entre pescado, camarones y otras variedades, reflejando el impacto de su dedicación y visión.
Su dedicación es prueba de que con determinación, disciplina y fe, los sueños sí se pueden construir desde cero.