En buena parte del mundo el arroz es un ingrediente básico de su alimentación. Existen más de 40.000 variedades y su amplia gama de colores y sabores realzan la gastronomía de muchos países donde se cultiva y consume desde hace miles de años. Lo que poco se sabe, es que, cada vez más, este cereal es considerado poco saludable.

A nivel nutricional, el arroz es una fuente rica en carbohidratos, biomoléculas que el cuerpo descompone en glucosa o azúcar, que constituyen el principal combustible del cuerpo. Es una fuente rápida de energía que aporta unas 200 calorías por taza cocida.
Su variedad blanca, que es altamente procesada, se considera menos nutritiva y a menudo se critica su alto índice glucémico. De acuerdo con la Universidad de Harvard (EE.UU.), el arroz blanco tiene un índice glucémico alto, lo que significa que sus carbohidratos se convierten más rápidamente en azúcar en la sangre y puede resultar en un mayor riesgo de diabetes tipo 2.
Al mismo tiempo, otros estudios han demostrado una conexión con el aumento de peso, porque puede provocar mayor hambre y que sea consumido en exceso. Una investigación sugiere que el arroz blanco podría ser «una causa probable de la obesidad», aunque parece depender en gran medida del tipo de arroz y del contexto dietético general.