Las persianas de madera de Granada y León llevan más de un siglo abriéndose cada mañana: este es su secreto

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En los cascos históricos de Granada, León y Masaya todavía funcionan persianas de madera colocadas hace ochenta o cien años. Mientras tanto, hay ventanas instaladas hace apenas dos veranos que ya están hinchadas, manchadas o comidas por comején. La diferencia no es suerte ni cariño: es madera, secado y mantenimiento.

La madera llegó a las ventanas nicaragüenses antes que el vidrio

En la casa colonial centroamericana, la ventana no servía para mirar afuera: servía para manejar el aire y la luz. Por eso el cerramiento no era un cristal, sino un juego de hojas de madera con lamas, balaustres o celosía que se abrían por la mañana y se entornaban al mediodía.

Ese sistema resolvía tres cosas a la vez. Dejaba pasar la brisa sin dejar entrar el sol, protegía del aguacero cuando llegaba con viento y daba privacidad en calles estrechas donde las casas se pegaban unas a otras.

Sumado al corredor interno, al patio y a los techos altos, formaba un método de climatización completo sin un solo aparato eléctrico. Una casa granadina bien orientada se mantenía fresca a las dos de la tarde en marzo, y lo hacía con madera, sombra y aire en movimiento.

Hoy ese mismo principio vuelve a interesar, sobre todo con el precio de la energía y el gasto que representa el aire acondicionado en una familia promedio.

Por qué aguantan tanto: la madera de antes no era la misma

Los tablones que se usaban para puertas, ventanas y contraventanas salían de árboles maduros: cedro real, pochote, guanacaste, laurel, níspero, guapinol o nancitón. Maderas densas, con aceites y resinas propias que ya venían con defensa natural contra hongos e insectos.

A eso se le sumaba el detalle que casi nadie ve: el secado. La madera se estibaba bajo techo y se dejaba reposar meses, a veces años, hasta estabilizarse con la humedad del ambiente. Una tabla que ya se movió todo lo que tenía que moverse antes de convertirse en persiana no se tuerce después.

También cambiaba la parte del tronco que se aprovechaba. El carpintero trabajaba el corazón del árbol, no la parte externa y blanda, que es justamente la que el comején ataca primero. Y las piezas eran gruesas, remachadas con herrajes de hierro forjado que se podían reparar en cualquier taller del barrio.

Las persianas de madera actuales suelen partir de plantaciones de crecimiento rápido, con secado industrial de pocos días y espesores más delgados. No es que sean malas, pero exigen algo que la madera vieja perdonaba: tratamiento y revisión periódica.

El comején y el invierno, los dos enemigos reales

En Nicaragua la madera exterior pelea dos batallas cada año. La primera empieza en mayo y termina en noviembre, cuando la humedad se dispara y la lluvia empujada por el viento moja la fachada de forma directa. La segunda llega en marzo y abril, con el sol reventando la superficie y resecando la fibra.

Ese vaivén de hinchar y contraer es lo que abre las juntas, levanta el barniz y deja entrar el agua por dentro. Una vez que el agua entra y no puede salir, la pudrición avanza sola.

El comején es el otro frente, y suele actuar sin avisar. Las termitas subterráneas suben desde el suelo por caminos de tierra pegados a la pared y llegan al marco de la ventana antes que a la hoja. Vale la pena revisar tres señales: tuberitos de barro en el zócalo, un sonido hueco al golpear la madera con el nudillo y polvillo fino acumulado bajo la ventana.

Dos medidas evitan la mayoría de los daños: que la madera nunca toque el suelo directamente y que quede un espacio libre entre la persiana y la pared para que el aire circule por detrás y seque después de cada lluvia.

Qué persianas de madera se pueden comprar hoy dentro de la ley

Aquí hay un punto que muchos compradores desconocen. La Ley 585, publicada en La Gaceta en junio de 2006, estableció una veda para el corte, aprovechamiento y comercialización de caoba, cedro, pochote, pino, mangle y ceibo en todo el territorio nacional, con carácter prorrogable, y de forma permanente dentro de las áreas protegidas.

Eso no significa que no exista madera legal. Las especies vedadas que provienen de plantaciones forestales debidamente registradas ante el INAFOR quedan fuera de esa prohibición, y en distintos años se han emitido decretos de suspensión de la veda para cedro real, pochote y pino de plantación bajo control de la institución.

La consecuencia práctica para quien manda a hacer una ventana es simple: hay que preguntar de dónde viene la madera y exigir factura. Un tablón sin respaldo no solo es un riesgo legal para el taller, también suele ser madera mal secada y cortada a la carrera.

Entre las opciones de plantación disponibles en el país, la teca y la melina se usan cada vez más en carpintería de exteriores, y el pino tratado a presión da buen resultado cuando se le da mantenimiento. Para persianas de exterior conviene priorizar densidad y estabilidad antes que color.

El mantenimiento que decide si duran diez años o cincuenta

Con el clima nicaragüense, dos citas al año bastan para cambiar por completo la vida útil de una persiana de madera. La primera, en abril, antes de que entren las lluvias. La segunda, entre diciembre y enero, cuando la fachada ya se secó.

La rutina no tiene ciencia: quitar el polvo y el hollín con un paño húmedo, dejar secar bien, lijar suave en el sentido de la fibra donde el acabado esté opaco y aplicar aceite o barniz con filtro ultravioleta. El filtro UV es lo que evita ese gris apagado que aparece a los dos años en las caras que ven el sol de la tarde.

Los tres errores más comunes son fáciles de evitar. Pintar sobre madera todavía húmeda sella el agua adentro y garantiza pudrición. Usar esmalte sintético grueso tapa el poro y termina cuarteándose en placas. Y dejar las hojas cerradas y mojadas durante días completos crea el ambiente ideal para el moho.

Los herrajes también piden atención: bisagras, pasadores y cuerdas se revisan con las manos, se engrasan y se cambian antes de que fuercen la madera. Una bisagra floja descuadra la hoja y esa hoja descuadrada raspa, se astilla y se llena de agua.

Lo viejo que vuelve a tener sentido

Mientras muchas construcciones nuevas apuestan por aluminio y vidrio, en el turismo del casco histórico ocurre lo contrario: hoteles pequeños, cafés y casas restauradas de Granada y León están recuperando el cerramiento de madera precisamente porque funciona con el clima en lugar de pelear contra él.

La lección de esas fachadas centenarias no es nostálgica, es técnica. Buena especie, buen secado, aire por detrás y dos manos de protección al año explican por qué unas persianas de madera llegan a la tercera generación de una familia y otras no pasan de tres inviernos. La pregunta que queda para quien está construyendo hoy es si su ventana estará abriéndose todavía en 2080.