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Balas de grupos vandálicos de la UPOLI truncan sueños de un padre entregado a su familia

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Los anhelos de establecer su propio negocio, como especialista en reparación de cocinas industriales, fueron cercenados por una bala salida de un arma artesanal de las muchas que  manipulan los delincuentes que se atrincheran y mantienen secuestrado el recinto universitario de la UPOLI.

Don Alejandro Estrada Vega, de 52 años, es el nombre del ciudadano que la tarde noche del martes 8 de mayo, recibió un disparo en el cuello, segundos después que se bajara de la unidad de transporte colectivo que todos los días utilizaba para ir a su trabajo y regresar a su hogar en el barrio Villa Reconciliación Norte.

Ese día don Alejandro salió de su trabajo un par de minutos después de las cinco y antes de abordar el bus, pasó comprando una libra de queso para cenar en su hogar y pastillas para sanar las dolencias de su madre Imelda Vega, una mujer de 75 años que llora desconsoladamente el fallecimiento de su hijo.

Un hombre entregado

Don Alejandro era un hombre entregado a su trabajo, a su familia, era un padre amoroso con todos sus 4 hijos, a las cuales forjó y educó profesionalmente con los ingresos que obtenía como técnico en reparación de cocinas, profesión que aprendió siendo un jovencito.

El martes 8 de abril venia a bordo del bus, mismo que fue interceptado por individuos que en las últimas semanas han sembrado el terror y el miedo a las familias que habitan en los barrios aledaños a la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI), la cual mantienen secuestrada y sitiada.

Don Alejandro al igual que muchas personas que venían dentro del bus fueron bajados a la fuerza por estas hordas de terror, que no solamente secuestraron la unidad de transporte, también la quemaron y realizaron disparos a los ciudadanos que circulaban apresuradamente presos del miedo en busca de sus hogares.

Uno de esos ciudadanos fue don Alejandro, quien no pudo llegar a su hogar debido a la bala que salió de las armas hechizas que portan estos individuos, que ese día en su afán de destrucción, dispararon a efectivos policiales que se encontraban en la rotonda la Virgen protegiendo a otras personas que pedían la paz y hacían el llamado al diálogo nacional.

Este hombre luchó por su vida durante 3 días, este viernes falleció. Serpa sepultado en Ciudad Darío.

Un dolor profundo

“Me duele mucho lo que está haciendo esta gente, están matando gente inocente, mi papá venia para la casa y los bajaron de los buses y los empezaron a agarrar a balazos, primero fue contra la policía y una bala desperdigada le dio a él, me lo mataron esos vándalos, queremos paz en este país, esta gente le está haciendo mucho daño a los pobladores, a gente que no tenemos nada que ver”, expresó Xochilt María Bobadilla, en medio de su dolor.

Don Alejandro tuvo una vida plena, muy feliz, gustaba de ir con su esposa, sus hijos y sus nietos a los lugares turísticos que la Revolución Sandinista ha construido en Managua, como el Paseo Xolotlán, Puerto Salvador Allende, Parque Luis Alfonso Velázquez, entre otros.

“Queremos pedirle a esa gente que anda sembrando terror que se calmen, que ya no sigan haciéndole daño a la gente inocente, están matando a gente que no tiene nada que ver, ellos agarraron a balazos a la policía y es por eso que una bala perdida le dio a mi papá, la policía vio que mi padre se cayó y lo llevar