Panamá se consolida como uno de los mercados de entretenimiento digital de Centroamérica
Los números de 2026 describen un país que dejó de ser apenas un punto de tránsito para volverse plataforma. Entre enero y mayo, la actividad económica panameña avanzó por encima del promedio latinoamericano, y buena parte de ese impulso proviene de sectores amarrados a la conectividad, los datos y el consumo en pantalla. El entretenimiento digital es uno de ellos, y su despegue ya se lee en las estadísticas oficiales.

Antes de entrar al detalle, conviene situar el marco. El Instituto Nacional de Estadística y Censo midió la expansión económica del primer trimestre en 4,8%, un registro que superó las proyecciones de los organismos internacionales para todo el año. El comercio, la construcción, el transporte y las operaciones del Canal de Panamá sostuvieron esa cifra. Sobre esa base se levanta una economía de servicios cada vez más volcada a lo digital, donde el ocio conectado disputa el tiempo y la atención de la gente.
Varias industrias caben dentro de ese ocio conectado, y todas comparten la misma columna vertebral tecnológica. El video por demanda, la música por streaming, los videojuegos y las plataformas de juego en línea corren sobre la misma red de fibra y dependen de la misma capacidad de procesar datos en tiempo real. En Panamá, el segmento digital del juego fue el que más creció dentro de esa familia y sumó 299,6 millones de dólares en apuestas brutas entre enero y mayo, con un salto interanual del 57%, el más alto de todas las verticales relevadas.
Hay, detrás de ese crecimiento, una carrera por la experiencia de usuario más que por el puro volumen. Las plataformas que operan en el país invierten en interfaces livianas, en tiempos de carga cortos y en catálogos que se adaptan al dispositivo y a la geolocalización de cada persona. En este ámbito, la industria líder es el iGaming, siendo la primera en adaptarse a las nuevas tendencias y marcando el camino a seguir al resto de industrias. Este hecho se debe a que quienes eligen un casino en línea son los usuarios más exigentes, lo que obliga a los operadores a competir por una navegación fluida, un diseño pensado para el móvil y una experiencia que busca olvidar los problemas del día a día.
Con todo, el mapa del sector no lo dominan las pantallas. En esta industria, por ejemplo, vemos que las máquinas tragamonedas tipo A concentraron más del 70% de las apuestas brutas del período, con 932,4 millones de dólares, y siguen siendo el corazón del negocio presencial en casinos y salas especializadas repartidas por todo el país. El canal digital crece rápido, pero todavía parte desde muy atrás, y su peso dentro del total apenas empieza a notarse frente a un parque de máquinas que lleva décadas instalado.
La red que sostiene el consumo
La respuesta dependerá, en parte, de algo que poco tiene que ver con el juego, la infraestructura. Panamá refuerza su papel como nodo de datos de la región, y a inicios de 2026 aterrizó el sistema TAM-1, un cable submarino de unos 7.000 kilómetros de extensión y una capacidad de cientos de terabits por segundo. El auge de las redes de fibra submarina acompaña la demanda mundial de nube, inteligencia artificial y centros de datos, un ciclo de inversión que a escala global superará los 16.000 millones de dólares entre 2026 y 2029. Esa capacidad es la que sostiene, por debajo, cualquier servicio de entretenimiento que dependa de responder en milisegundos, desde una partida en vivo hasta una transmisión en alta definición.
Al resto del ecosistema todavía le quedan tareas pendientes, y no son menores. La formación de talento digital, la penetración de los medios de pago electrónicos y la confianza del usuario en las transacciones móviles marcan el ritmo al que un servicio puede escalar. El país ha empezado a mover fichas en ese tablero, con foros sobre inteligencia artificial y semiconductores y con programas para formar a los técnicos que esas industrias reclaman. Panamá compite en ese terreno con mercados vecinos que también quieren capturar el gasto regional en ocio y servicios en línea, y la ventaja no está asegurada para nadie. La inversión extranjera en centros de datos podría inclinar la balanza, siempre que el talento local crezca al mismo ritmo que la infraestructura.
Toda la región observa ese proceso con atención, porque la digitalización del consumo no es exclusiva de Panamá. En Nicaragua, por ejemplo, iniciativas de digitalización de emprendimientos apuntan a la misma transformación desde el turismo y los pequeños negocios, con la conectividad como punto de partida. El patrón se repite en Centroamérica: primero llega la red, luego el comercio y el ocio se mudan a las aplicaciones, y al final aparecen las reglas que ordenan el mercado.
Panamá cerró el primer semestre con 1.607,83 millones de dólares en apuestas brutas, un 16,5% más que un año antes, y con el canal digital creciendo cerca del 60%. La foto es la de un mercado que se ordena mientras se agranda, con las tragamonedas todavía al frente y las pantallas ganando terreno cada trimestre. Ese es, por ahora, el tamaño real del entretenimiento digital panameño.