Christa Pike rompe el silencio tras sobrevivir a una fallida ejecución en EE.UU.
Christa Pike, la reclusa estadounidense que sobrevivió a un intento de ejecución mediante inyección letal en Tennessee, rompió el silencio este 30 de octubre, un mes después del fallido procedimiento. En un comunicado difundido por su defensa, aseguró que desde aquella noche continúa sufriendo dolor físico y emocional.

«Hace un mes, el 30 de septiembre, entré en la cámara de ejecución de la prisión de hombres de Riverbend preparada para morir. Había hecho las paces», expresó Pike.
La mujer también describió las secuelas que ha enfrentado desde entonces. «Varios días después me desperté sola en un hospital, confundida y con dolor. No ha habido ni un solo momento desde aquella noche en que no haya sentido dolor. Me duele el cuerpo. Me duelen los brazos. Me duelen las manos. Me duele la garganta. Todavía me cuesta hablar. Y el dolor no es solo físico. Hay dolor en mi mente y en mi alma», relató.
Pike explicó que la mañana del 30 de septiembre estaba preparada para morir. Incluso se había despedido de sus seres queridos y de quienes la apoyaban. Antes de iniciar el procedimiento, dijo a las personas presentes en la cámara de ejecución que se marchaba «con amor y bondad».
Ese día, la reclusa recibió dos dosis completas de pentobarbital, el fármaco utilizado en el protocolo de inyección letal de la prisión. Sin embargo, permaneció con vida y, según sus abogados, comenzó a roncar, por lo que fue trasladada de emergencia en ambulancia desde el penal hasta un centro médico.
La defensa atribuyó el fallo a posibles dificultades para conseguir un acceso intravenoso, daños en las venas de Pike y un eventual deterioro del pentobarbital utilizado durante el procedimiento.
El abogado Stephen Ferrell señaló que su defendida temía complicaciones durante la ejecución debido a un trastorno sanguíneo que, según explicó, le había dificultado las extracciones de sangre durante toda su vida. Por su parte, Randy Spivey aseguró que contabilizó al menos siete pinchazos en el brazo izquierdo mientras el personal intentaba colocar las vías intravenosas.
Tras lo ocurrido, el gobernador de Tennessee, Bill Lee, ordenó una investigación independiente para esclarecer las fallas del procedimiento y suspendió las ejecuciones previstas para lo que resta del año.
