Isolda Rodríguez Rosales: Escritora Integral

NO HAY duda: entre las mujeres escritoras de Centroamérica, una de las pocas que se acreditan la categoría de integral es Isolda Rodríguez Rosales (Estelí, 7 de noviembre, 1947).

La escritora nicaragüense Isolda Rodríguez Rosales
La escritora nicaragüense Isolda Rodríguez Rosales

Porque Isolda es la única que ha proyectado su escritura a través de siete modalidades: manuales para la enseñanza de nuestro idioma, colecciones de ensayos críticos, volúmenes de narrativa, poemarios, ensayos historiográficos, cuentos para niños y una autobiografía (modalidad escritural que no es para cualquiera).

Graduada en la escuela de Ciencias de la Educación, especialidad de Español, se entregó a la docencia, labor que le facilitó redactar tres muy apreciables libros de texto: Español para la Facultad de Preparatoria (UNAN, 1987), La expresión escrita (UCA, 1994) y Curso de lengua española (UCA, 1999).

Además, Isolda completó los cursos monográficos de doctorado (Málaga, Madrid), un posgrado de Literatura y Semiótica Literaria (México) y la maestría en historia (UCA, 1993-96).

Historiadora de nuestra educación

Precisamente a ella se le debe la única historia de la Educación en Nicaragua, obra que no pudieron realizar reconocidos técnicos y expertos en el ramo.

Me refiero a los tres tomos de su investigación diacrónica de nuestro pasado educacional, dedicados a la época del liberalismo de Zelaya (1893-1909), a la restauración conservadora (1910-1928) y a los cincuenta años comprendidos de 1929 a 1979.

Los tres, editados por Hispamer, constituyen lectura obligada para entender el proceso de la sociedad nicaragüense desde finales del siglo diecinueve hasta muy avanzado el veinte. Al mismo tiempo, consagran a su autora como autoridad en la materia sin competencia alguna.

Autoridad en la crítica e interpretación literarias

Isolda también (¡y tan bien!) se ha desempeñado como autoridad en la crítica e interpretación literaria como ningún otro ejemplar de su sexo.

Dos volúmenes, aunque no orgánicos, demuestra su afán de estudiar a fondo nuestra literatura: Una década en la narrativa nicaragüense y otros ensayos (1999) y En el país de las alegorías / Ensayos sobre la literatura nicaragüense (2006).

En ambos aplica las teorías modernas. En el primero destacan sus análisis de tres novelas de Sergio Ramírez (Castigo divino, Un baile de máscaras, Margarita, está linda la mar), dos de Milagros Palma (Bodas de ceniza y El obispo), una de Rosario Aguilar (La niña blanca y los pájaros sin pies), y otra de  Gioconda Belli(Waslala / Memorial del futuro).

Por su parte, en el segundo Rodríguez Rosales realiza prospecciones en la parodia, el pastiche, la reescritura, la intertextualidad, la polifonía bajtiniana, y otros discursos narratológicos, privilegiando la novela y el cuento, la autobiografía y el testimonio.

He aquí algunos de sus autores estudiados: Rubén Darío (El oro de Mallorca), Pablo Antonio Cuadra (Vuelva Güegüense), Ernesto Cardenal (La revolución perdida), Lizandro Chávez Alfaro, Sergio Ramírez y Rosario Aguilar de nuevo, Julio Valle-Castillo (Réquiem por Castilla del Oro) y Mercedes Gordillo (Una perfecta desconocida y Vida y milagros).

Pero la poesía no se queda atrás en las acertadas exégesis de Isolda. Porque ella opta, asimismo, por dilucidar la escisión vital de Rubén Darío en Cantos de vida y esperanza, el conceptismo telúrico de Ángel Martínez Baigorri en Río hasta el fin; el amor conyugal y lúdico de José Cuadra Vega en Poesía reunida y el retablo mestizo que es El lienzo del pajaritero del ya citado Valle-Castillo.

En su mirada, Isolda Rodríguez Rosales une la calidad académica y una incólume sensibilidad por compartir el apasionante mundo de las obras representativas que estudia y potencia.

Miembro de número de la ANL y de la AGHN

Bastaban los anteriores aportes para que Isolda fuese incorporada como miembro de número a la Academia Nicaragüense de la Lengua el 18 de septiembre de 2007.

En su discurso, desentrañó la arquitectura y sustantividad de Trágame Tierra, novela moderna y fundacional de Lizandro Chávez Alfaro, quien desacraliza en ella nuestra historia.

También desde hace varios años es miembro de número de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua y directora honoraria de la Biblioteca Nacional Rubén Darío.

Narradora feminista

Pero Isolda ya había incursionado en la narración breve con La casa de los pájaros (1999), creando seres de luz; y recreando fisonomías y psicologías de personajes femeninos en Daguerrotipos y otros retratos de mujeres (CIRA, 1999); ambos relatarios están escritos con auténtica imaginación y una conciencia de rescatar la dignidad de la mujer. También ha editado un tercer libro de cuentos, recreando pasajes bíblicos, Las diosas de Elam (San José, Costa Rica, Uruk, 2015).

Autobiógrafa

Posteriormente, Isolda Rodríguez Rosales desplegó un memorial catártico y entrañable: Me queda la palabra (2008), consagrándose como una de nuestras escasas autobiógrafas, logrando un gran testimonio personal y de su generación.

Poeta tardía, pero reveladora

Ha sorprendido con cuatro poemarios serenos y reveladores de una verdadera poetisa: Navegante sin tiempo (León, Editorial Universitaria, 2013); Casa sosegada (ANL, 2014); Arte ritual (ANL, 2017) y Mujeres de fuego (Instituto Nicaragüense de Cultura, 2022).

Narrativa para niños

Es autora también Isolda de cinco cuentos para niños, editados en 2017 por Hispamer: Sofía y las mariposas, La princesita Sofía, Nela y sus amigos y Dani y las estrellas, todos debidamente ilustrados.

He ahí, en forma comprimida, la obra de Isolda como escritora integral, imposible de eludir e ignorar, ya que resulta imprescindible entre las letradas de nuestra Nicaragua contemporánea.

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