Asia y América Latina – Desarrollo y Emancipación

En la reciente cumbre de los 21 países miembros del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) se resaltaron varias tendencias en el desarrollo de las relaciones entre los países de ambas regiones.

De hecho, APEC es una organización que refleja la época en que se formó al fin de los años 1980s en el momento histórico de la inminente disolución de la Unión Soviética y el triunfo ideológico del neoliberalismo bajo el llamado Consenso de Washington.

En ese momento el poderío económico y militar de los Estados Unidos dominaba las relaciones internacionales y en gran medida dictaba los marcos institucionales que iban a poder surgir.

APEC no incluye ningún país ni organización de las numerosas pequeñas islas naciones de Oceania. De América Latina, solo incluye Chile, Perú y México, aunque en esta cumbre más reciente se invitó a Colombia como país observador. No incluye ningún país de América Central ni Ecuador y tampoco incluye países asiáticos de enorme importancia como la India.

Es interesante notar que, diez años después de la creación de la APEC, en 1999 surgió, el Foro para la Cooperación entre Este de Asia y América Latina (FEALAC) compuesto de 36 países que incluyen casi toda América Latina continental más República Dominicana y Cuba. No incluye Estados Unidos y Canadá, pero sí incluye casi todos los países asiáticos miembros de la APEC.

A diferencia de la APEC, que tiene cumbres anuales de los jefes de Estado y gobierno de sus países miembros, FEALAC tiene cumbres cada dos años y su más alto nivel consiste de reuniones de los ministros de asuntos externos de sus países miembros.

Las cifras del FEALAC, que no incluyen los datos para Norte América o la Federación Rusa, ayudan a entender la importancia para América Latina de sus relaciones con los países de Asia Este.

En términos de Producto Interno Bruto los países miembros de FEALAC tienen 31% de PIB global y 36% de la población mundial. En términos comerciales, las exportaciones bilaterales de los países miembros de FEALAC son 36% de total global y sus importaciones 33%.

Por supuesto, la proporción de los países asiáticos en estas cifra es mucho mayor que la proporción correspondiente a los países latinoamericanos. La población de América Latina es la cuarta parte de la población de Asia Este y las cifras del PIB y de las importaciones y exportaciones son aproximadamente la sexta parte.

Lo que sobresale en una exploración de las relaciones comerciales y financieras entre Asia y América Latina es la realidad de los complejos cambios en marcha.

Son cambios impulsados por la creciente actividad de las empresas multinacionales y entidades financieras de China y otros países como Japón, Corea del Sur y la India como fuentes de inversión directa y de cooperación, como contrapartes de intercambio comercial y también como gestores de fusiones y adquisiciones empresariales en las economías locales latinoamericanos.

Esta realidad pone en un contexto más realista la cobertura mediática exagerada de la cumbre de la APEC que enfatizó las reuniones del más alto nivel entre dirigentes como el presidente Joe Biden, el presidente Xi Jinping y el presidente Andrés Manuel López Obrador.

De cierta forma, estas reuniones del más alto nivel representan el aspecto estratégico de la formación de un nuevo orden de relaciones internacionales, porque resaltan la lucha entre las respectivas visiones políticas y socio-económicas de los dirigentes y gobiernos más influyentes a nivel regional e internacional. Como siempre, estas visiones giran alrededor de la cuestión fundamental de cuál es el propósito primordial de la actividad económica a nivel global y a nivel nacional.

Hay varias maneras de formular esta cuestión. Al nivel más básico se plantea a nivel internacional como una elección entre la cooperación y la competencia.

China y sus contrapartes cercanas promueven la cooperación ganar-ganar, mientras Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea tienden a favorecer la competencia de suma cero, lo cual es natural dada su historia de codicia imperialista.

Otra manera de plantear la cuestión básica a nivel nacional es si se maneja la capacidad productiva de un país para priorizar las ganancias empresariales privadas o para generar riqueza que se redistribuye para el Bien Común.

Por supuesto, esta pregunta es el fondo de los conflictos políticos en toda la región porque se trata de la elección entre la intervención gubernamental para asegurar las necesidades y aspiraciones de las mayorías y la persona humana o promover el imperativo de la expansión y consolidación de los intereses de las élites capitalistas, interpretando esto de una manera retorcida como democracia liberal.

Un socialdemócrata como el presidente López Obrador intenta defender los intereses nacionales de su país, por ejemplo en relación a la protección del maíz nacional y de la viabilidad e integridad de la empresa estatal petrolera.

Pero a la vez que prioriza los intereses nacionales en ese sentido, también aboga por mayor integración económica regional con Estados Unidos en base a principios neoliberales a pesar de la clara naturaleza depredadora neocolonial de la economía estadounidense y de su clase gobernante.

La fantasía del presidente López Obrador parece ser pensar que a Estados Unidos, dónde se profundiza cada vez más agudamente la pobreza entre su propia población, le interesa actuar para sacar de la pobreza a las poblaciones de la región mesoamericana.

En cambio, China sigue promoviendo las políticas ganar-ganar de su Iniciativa de la Ruta y Franja, generando mayores rutas de interconexión y adaptando sus mecanismos de cooperación e inversión a los diversos patrones de desarrollo social y económico que prevalecen en América Latina y el Caribe.

Su modelo de interacción es muy diferente a la camisa de fuerza del libre comercio neoliberal ofrecida por Estados Unidos y sus países satélites de la Unión Europea. De hecho, la reunión durante la cumbre APEC entre los presidentes Joe Biden y Xi Jinping terminó siendo prácticamente una formalidad sin ningún resultado sustantivo.

Y esto se reflejó también en la declaración final de la cumbre que incluye la aspiración a «ofrecer un entorno de comercio e inversión libre, abierto, justo, no discriminatorio, transparente, inclusivo y predecible» lo cuál se contradice flagrantemente por las medidas coercitivas aplicadas por Estados Unidos contra la República Popular China en diferentes ámbitos.

De igual manera, la declaración consta que sus estados miembros se comprometen “con la reforma necesaria de la Organización Mundial del Comercio… con miras a tener un sistema de solución de diferencias plenamente funcional y accesible para todos los miembros para 2024.” De hecho, Estados Unidos jamás va a trabajar de buena fe para asegurar una OMC eficaz en que no tiene la palabra final.

Los lugares comunes insinceros tienden siempre a dominar las cumbres internacionales como la reciente conferencia de APEC. Pero más allá de la influencia directa de Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea, el mundo mayoritario trabaja arduamente para avanzar sus intereses comunes.

La labor de los grupos de trabajo del FEALAC en cooperación y cambio climático, en comercio e inversión, en cultura y juventud, o en ciencia y tecnología implica constantes avances en las relaciones de intercambio entre Asia Este y todo América Latina y el Caribe.

La reciente cumbre entre los países de la ASEAN y los países árabes del Golfo Pérsico fue otra señal del paulatino avance de las diferentes regiones del mundo a un nuevo patrón de relaciones internacionales.

Vale la pena también en este contexto recordar el trabajo de las instancias de Foro China CELAC que tendrá su décimo aniversario el próximo año 2024.

En julio 2022, se hizo el Segundo Foro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)-China sobre Reducción de la Pobreza y Desarrollo.

El Foro analizó las líneas de futura cooperación China-CELAC en la reducción de la pobreza, tomando en cuenta principalmente la Iniciativa de la Ruta y Franja, la Iniciativa de Desarrollo Global y el Plan de Acción Conjunto China-CELAC para la Cooperación en Áreas Clave (2022-2024).

A diferencia del modelo falso de endeudamiento y “ayuda” para el desarrollo promovido por los países occidentales, el modelo de apoyo mutuo, de respeto e igualdad entre las naciones gana terreno y desplaza las relaciones neocoloniales del pasado.

China reconoce la importancia de mantener abierta diferentes opciones de intercambio con los países de América Latina y el Caribeen las esferas de cooperación, comercio y finanzas. Por ejemplo, la opción de los swaps financieros con instituciones chinas han apoyado a varios países latinoamericanos, principalmente Argentina, Brasil y Chile, a reducir sus costos en los mercados internacionales y estabilizar su tipo de cambio.

Para Asia en general, América Latina y el Caribe es una región importante principalmente por su producción de materias primas y alimentos y por ser un mercado de mucho potencial. Para América Latina y el Caribe, Asia Este es una fuente importante de la inversión directa lo cual se ha dirigido en los años más recientes mayoritariamente a Brasil (38%), México (23%), Chile (9%), Colombia (7%) Argentina (5%) y Perú (4.5%) con montos menores a los demás países de la región.

Asia Este también es importante por el creciente intercambio cultural, tecnológico y científico y como una fuente de innovación comercial y en temas como la inteligencia artificial, y sectores como el diseño y la economía creativa.

Economistas y sociólogos occidentales argumentan que la nueva posición de autonomía y de avance económico de los países de Asia ha creado una nueva relación de subordinación para América Latina y el Caribe que reproduce la histórica relación de centro y periferia entre la región y Occidente.

Este argumento descuenta y minimiza el impacto de doscientos años de constante intervención estadounidense en base a la Doctrina Monroe que ahora se adapta para resistir la influencia y presencia regional de la República Popular China con el fin precisamente de  restringir y limitar el desarrollo de la región.

También omite la continua interferencia de Estados Unidos para contener a China en la misma región asiática. Japón, Corea del Sur, Taiwan y Filipinas, además de Australia y Nueva Zelanda, son prácticamente estados vasallos de Estados Unidos en ese sentido.

Como siempre, Estados Unidos actúa en América Latina y el Caribe para condicionar y sabotear la reducción de la pobreza de sus poblaciones para mantener su histórico control y dominio de sus recursos naturales y sus economías.

En cambio, la República Popular China prioriza la reducción de la pobreza y el desarrollo humano por medio de ofrecer nuevos horizontes de inversión y de intercambio comercial, financiero, tecnológico y cultural con sus países contrapartes.

Estados Unidos quiere suprimir la competitividad y nivel tecnológico de la región, mientras China necesita aumentarlo para poder desarrollar nuevos mercados y mayor intercambio de beneficio mutuo. Gracias a la visión del gobierno de nuestro Presidente Comandante Daniel, estamos mirando esta realidad tomar forma aquí en Nicaragua.

Li Xi, representante del presidente Xi Jinping, explicó esta realidad en su discurso a la cumbre del Grupo 77 + China del pasado mes de septiembre, “La Cooperación Sur-Sur está jugando un papel de creciente importancia en mantener el ímpetu del ascenso colectivo de los países en desarrollo y promover el crecimiento estable de la economía mundial…. China sigue comprometida con la construcción de un sistema de cooperación científico-tecnológica Sur-Sur que sea abierto, inclusivo y mutuamente beneficioso…Tanto China como los otros países en desarrollo hemos recorrido un arduo camino para la independencia y liberación nacional. Tenemos la vehemente aspiración de mejorar la vida de nuestros pueblos, y siempre compartimos el mismo aliento y el mismo destino. Con el apoyo mutuo por el desarrollo común, ya somos una comunidad de futuro compartido tanto en las buenas como en las malas.

Como reza un dicho chino: «Infinita es la fuerza de los hermanos cuando se unen».

 

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