Intervención de la Compañera Rosario Murillo, 02 de noviembre 2026
Buenas tardes, compañeros. Muchas gracias y muy buenas tardes, muy buen día, queridas familias de nuestra Nicaragua bendita.
Hoy es el día de celebrar la vida de nuestros seres queridos que Dios ha dispuesto en ese otro plano de eternidad luminosa. Nuestro abrazo, como gran familia nicaragüense, en cantos, flores y oraciones a nuestro Dios, para que, desde el sagrado sitial que ocupan nuestros familiares, brillen en ellos en luz perpetua y sean ánimo y alma de toda nuestra Nicaragua, que vibra en paz y alegría. Creyentes, hijos del Altísimo.
A todos los que hemos llenado de flores, música y plegarias nuestros campos santos, con fe y certeza les decimos que sabemos que, desde la gloriosa inmensidad de la vida eterna, nuestro Padre celestial bendice a nuestra Nicaragua y a toda las familias nicaragüenses con la fuerza invencible de su gran poder para amar, para seguir amando; para caminar, para seguir caminando; para hacer el bien, para seguir venciendo.
Siempre con amor cantamos y recordamos aquel himno de tantas generaciones que dice y recoge nuestro sentimiento:
“Hemos de ser sinceros, que no hay en el mundo entero amor que nos llene el alma, pasión que colme el deseo. Hemos de ser sinceros, que no hay en el mundo entero amor que nos llene el alma y el corazón.
Con sed de eternidad hemos nacido, con sed de eternidad, y ha crecido esa sed de eternidad que nada puede saciar: vivir la inmensidad. Solo aspiramos a vivir la inmensidad y aspiramos a vivir la inmensidad llenos de felicidad.
Hemos de ser sinceros, que no hay en el mundo entero amor que nos llene el alma, pasión que colme el deseo, y somos como viajeros que corremos por los senderos y vamos buscando la calma del corazón”.
En este día especial, como viajeros corriendo por los senderos, como viajeros que buscamos la calma del corazón, decimos con toda sinceridad: el amor nos llena el alma; el amor a Dios sobre todas las cosas; el amor entre todos nosotros.
Vivimos la inmensidad, vivimos la fe, la fuerza de la eternidad, y somos esa felicidad de espíritu que inunda toda la patria bendita.
Abrazos grandes, queridas familias de nuestra Nicaragua. Unidos como estamos, unidos como hermanos, unidos como familias, unidos como cristianos, unidos como discípulos siempre fervorosos del Padre celestial. Creyentes, hijos del Altísimo.
Abrazos grandes, compañeros, compañeras, y Vamos Adelante. Luchamos, luchamos para que reine el amor por siempre. Más abrazos.
