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El popular motel Moulin Rouge desaparece para dar lugar al paso a desnivel de Las Piedrecitas

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El solitario Moulin Rouge, considerado el motel más antiguo de la vieja Managua, empezó a ser demolido este viernes para dar lugar a la  construcción del paso a desnivel entre el 7 Sur y la entrada a la carretera Nueva a León, dejando el recuerdo de millares de parejas que lo visitaron para dar rienda suelta a sus pasiones amorosas.

Aunque ningún historiador puede ubicar con exactitud la fecha en que surgió el Moulin Rouge, hay quienes se atreven de decir que fue en los años 50 o 60,  y el fallecido escritor Roberto Sánchez Ramírez, dijo en una ocasión, que su aparición fue un escándalo en la Managua recatada de aquella época porque “siempre ha existido gente hipócrita”.

Se afirma que el Moulin Rouge de Managua fue construido por un italiano llamado José Damico, con la idea original de hacerlo un restaurante de lujo, con bailarinas y compañía de alto nivel, emulando al famoso cabaret con el mismo nombre localizado en Paris, Francia, y al principio era visitado por caballeros de alto poder económico.

Sin embargo, el negocio empezó a tener problemas, al extremo que en febrero de 1963,  su dueño perdió una demanda impulsada por un grupo de trabajadores que le habían construido unos cuartos, sufriendo el embargo de “una mantenedora, una refrigeradora, toda la existencia de cortinas, muebles y utensilios de cocina”.

Poco después, los 23 cuartos del Moulin Rouge empezaron a ser alquilados a diez córdobas el rato con abanico y a 15 con aire acondicionado, convirtiéndose en mudos testigos de amoríos de reconocidos boxeadores, políticos o empresarios, que se escapaban con sus enamoradas para entregarse en cuerpo y alma, haciendo rechinar las camas.

Desde del terremoto que tumbó Managua en 1972, el popular motel empezó a sufrir deterioros y en 1979 fue vendido por el italiano José Damico a la señora Maritza Balistán, quien en los últimos años lo convirtió en una especie de cuartería en donde alquilaba las habitaciones para vivir, pero ya no para sostener encuentros amorosos fortuitos.

Ahora, en el lugar solo queda el recuerdo de que el Moulin Rouge fue el escenario propicio en donde unos se convirtieron en amos de otros, en el territorio limpio y amplio de las sábanas.