Inicio Destacadas

    Modelo tica Adriana Corella agradece buen trato de autoridades e internas del penal La Esperanza

    2125
    Compartir

    “Agradezco a las autoridades del penal La Esperanza, en especial a su directora, doña Janet, así como a todas las reclusas que se portaron bien y me dieron buen trato y atención, mientras estuve ahí”, expresó en su país la modelo costarricense Adriana Corella Rojas, quien fue liberada el pasado viernes, tras suspendérsele su condena de 4 años y medios de prisión.

    Ahora más tranquila, al lado de su familia y su hija de seis años, la hermosa modelo agradeció haber sido liberada en base al artículo 95 del código procesal penal de Nicaragua, que establece que los extranjeros con condenas menores a cinco años, deben ser liberado y deportados del país.

    Adriana Corella destacó que desde diciembre del 2015, hizo muchas amistades en la cárcel de Mujeres La Esperanza, resaltando a Ninoska y Argelia Bonilla, quienes compartieron con ella todo lo que sus familias les llevaban.

    La preciosa modelo recordó que siempre mantuvo su glamour y belleza en la cárcel y cuando era llevada a los juzgados, gracias a sus compañeras de reclusorio, quienes se encargaban de peinarla, maquillarla y hasta prestarle prendas.

    “Todas me apoyaron cuando tenía crisis de ansiedad, padezco de taquicardia y tenía arritmias horribles”, recuerda la modelo, quien agregó que depositó su confianza en Dios de que sería liberada, tal y como se dio, luego de la condena por lavado de dinero, por su participación en la célula narco “Los Cacique”, que dirigía su marido Walter Mauricio Pereira, quien se suicidó.

    “No guardo rencores con nadie en Nicaragua, sino que más bien agradezco a Dios, porque el hecho de que nos haga pasar por experiencias como estás, tienen un propósito “, dijo Adriana, quien piensa regresar a sus estudios de Medicina y volver a trabajar en la clínica donde laboraba antes de ser capturada en Nicaragua.

    Finalmente señaló que le hará mucha falta la comida nicaragüense, en particular el arroz aguado y el chanchito con yuca, que le hicieron chuparse los dedos.